09 de Enero del 2026 | Artículos Especiales

Ángela Curtis: “Pasé los mejores años de mi vida cuando fui al Montoya”

Ángela Curtis destacó el aporte del ISARM a la educación.

Es egresada de la carrera de Dibujo y Pintura. Fue testigo de los comienzos del Instituto Superior del Profesorado Antonio Ruiz de Montoya, hace 65 años. Conoció a Monseñor Jorge Kemerer y a docentes que marcaron el devenir de nuestra casa de estudios. También  a Samuel Fuxman y su esposa, con quienes Kemerer mantuvo una entrañable amistad. En diálogo con InfoMontoya, Ángela Curtis rescató de la memoria lugares y personas que cimentaron las bases de lo que hoy es el ISARM.

InfoMontoya: ¿Cómo llegó a estudiar en el Instituto Montoya?

Donde hoy está el Instituto Montoya había un hotel muy antiguo, de estilo colonial, con ventanas altas, enormes, con rejas.  Al lado, había un policlínico y, donde está el Salón Auditórium, una vieja oficina del gobierno… Siempre pasábamos por allí para ir al centro. Después de recibirme de maestra en el Instituto Santa María, había empezado a estudiar Ingeniería Química en la Universidad Nacional de Misiones. Pero abandoné la carrera…  Para entonces tenía unos 21 o 22 años. Era una carrera larga y muchos de los que se recibían comenzaban a trabajar… ¿de qué?, de profesores…

En mi decisión me acompañó mi prima, que dejó Historia, en el Profesorado de la Provincia… Dijimos: vamos al Montoya, vamos al Montoya…  Y nos recibimos las dos.  Para entonces yo tenía unos 26 o 27 años. 

InfoMontoya: ¿Cómo era el ISARM en ese entonces?

En un primer momento, dábamos las clases teóricas en el Instituto (Superior) Santa María y las prácticas en el Instituto (Superior) Roque González, hasta que el Montoya compró el hotel antiguo y comenzaron a edificar con la ayuda de Alemania…  Entonces nos mudamos a donde hoy está el instituto…  No era gente joven solamente la que estudiaba esa carrera, sino que había de todas las edades y personas más bien grandes. 

InfoMontoya: ¿Qué anécdotas recuerda de ese tiempo?

Cuando llegó el momento de inaugurar las instalaciones, había que hacer el jardín. Y yo colaboré. Plantamos con nuestras propias manos. Árboles y especies típicas.  Algunos lapachos ya estaban.  Y había una gran cruz de madera en el patio, además de una fuente… En ese primer grupo no éramos muchos.  De unos cinco, nos recibimos cuatro…  Pero creo que pasé los mejores años de mi vida cuando fui al Montoya.  Había un hermoso grupo de profesores, que te ayudaban, te daban libros, todo…  Era como una gran familia.

En el patio también se hacían peñas, en las que los estudiantes cantaban, bailaban, recitaban… 

Una de las profesoras fue Susana Irigaray de Gaetano, que era mi compañera en la primaria. Ella, a los 17 años se recibió y se fue a la Universidad de La Plata a estudiar Cerámica. Cuando regresó, ¿dónde fue a trabajar? Pues al Montoya. Y así fue primero mi compañera y después mi profesora.

La profesora Marisa Micolis nos daba Filosofía del Arte…  Además teníamos Pedagogía, Psicología, Teología, materias para las que nos juntábamos de varias carreras. De las prácticas, recuerdo que fuimos a la zona de El Chaquito, donde estaba la iglesia San Cayetano, a trabajar con los chicos de ese barrio. Después de egresada, Micolis me llamó y me ofreció trabajar en la carrera, cosa que hice durante unos dos años. Marisa era una docente muy cercana.  Hablaba todo el tiempo con los estudiantes y sabía sus historias…

InfoMontoya: ¿Conoció a Monseñor Kemerer?  ¿Qué recuerdos tiene de él?

Era alguien que siempre estaba también. Una persona muy agradable y amena. Recorría todo, siempre. Y ayudaba a muchísima gente. Sobre todo a los estudiantes del interior de la provincia. 

InfoMontoya: ¿Cómo nace su amistad con Samuel Fuxman y su esposa Elvira? 

Los conocí cuando vinieron al barrio, en inmediaciones de Salta y Jujuy, e hicieron una casa muy linda.  Abrieron una mueblería que se llamaba Fuxman y Kofman. Nuestras familias se hicieron amigas. Don Samuel había sido militar.  La señora de Fuxman amaba la plantas. Tenían una biblioteca que era un sueño. Don Samuel también escribía para un diario local.

InfoMontoya: ¿Y cómo se conocen Samuel Fuxman y Monseñor Kemerer?

Fuxman era muy dado.  En su camino a la mueblería pasaba, se encontraba con Kemerer y se saludaban.  Eran de religiones diferentes pero no hacían diferencias.  Samuel, además siempre estuvo interesado en la educación. Era muy inteligente.  Era muy conocedor de todo y escribía muy bien… Y además él era del Rotary Centro… Los del Rotary colaboraban con la sociedad, hacían donaciones, eran muy serviciales.  Eso también ayudó a la amistad con Kemerer.  Y Fuxman quiso, después que se fueron del país a Israel, que se creara una fundación para que el trabajo continuara y se apoyara a los jóvenes para que pudieran finalizar sus estudios.

Con el paso de los años, los contactos siguieron a través de sus hijos.  Elvira no regresó más; pero hablamos a través de mi hijo, que tiene celular.

InfoMontoya: ¿Cuál cree que fue el aporte del Instituto Montoya para la región?

Desde su creación fue una institución de mucha presencia…  Creo que su principal aporte es desde la calidad de la enseñanza y desde la formación cristiana… Desde el principio había como una cuestión ecuménica. O sea, había estudiantes de muchas religiones.  Y no se discriminaba a nadie. El Montoya tiene muchísmos egresados que salieron con esos valores.  Están en la región, en toda la provincia y en todo el país. Es una diferencia con respecto a otros establecimientos. Es su esencia y algo que no se tiene que perder. 

Nota de Redacción: La amistad entre Monseñor Jorge Kemerer y Samuel Fuxman se recuerda cada año con la entrega de premios que garantizan la continuidad de su formación a estudiantes de los profesorados de Lengua y Literatura e Historia.

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