21 de Abril | Centro de Pastoral Institucional

“Este es el día que el Señor ha hecho; regocijémonos y alegrémonos en Él”

Con Misas en la Sedes Central y Campus se celebró la Pascua en el ISARM. 

Celebración de la Santa Misa por Pascua de Resurrección y por el inicio del Ciclo Lectivo en el ISARM.

El martes 18 de abril se celebraron dos Santas Misas de Pascua de Resurrección y de acción de Gracias por el inicio del Ciclo Lectivo. Una fue en la Sede Campus, a partir de las 9.30  y estuvo presidida por el Presbítero Julio Centurión. A las 18.00, en el Salón Auditórium de la Sede Central se realizó la otra celebración eucarística y fue presida por el Presbítero Miguel Ángel Moura y concelebrada por el Presbítero Sebastián Escalante. Participaron autoridades, docentes, no docentes y alumnos de esta Casa de Estudios Superiores.

En el inicio se realizó el ingreso del Cirio Pascual y los sacerdotes bendijeron a los presentes con Agua Bendita, como signo de la purificación que Cristo Resucitado realiza en nuestras vidas.  Por su parte, los estudiantes presentaron para ser bendecidos algunos apuntes, mochilas y en el caso de los que cursan el Profesorado de Educación Física unas zapatillas y un logotipo con la inscripción 40 años que es lo que la carrera está cumpliendo en el presente ciclo. 

El padre Julio, en la homilía en la Sede Campus, explicó que la Iglesia a través de los textos que se van leyendo en las misas “(…) quiere confirmar esto que verdaderamente Cristo ha Resucitado y se ha encontrado personalmente con algunos, porque la Pascua del Señor consiste en eso, en encontrarse con ese Dios Vivo y Resucitado. Y acá nos relata que a María Jesús quería transformarla en apóstol de  la Pascua, de la Resurrección, pero esta mujer estaba envuelta en el dolor, en la mala noticia, como muchos de nosotros que a veces estamos encerrados, a veces el problema nos superan y no vemos lo que pasa a nuestro alrededor. Y cuenta acá que incluso los ángeles se le aparecieron a María Magdalena, pero esta mujer no se daba cuenta, ella estaba sumida en su dolor, en su desgracia, ‘Le han matado a mi Maestro. En quien yo he puesto todo mi amor, mi confianza, Él era todo para mí y ahora se me fue, ¿qué hago? Mi vida no tiene sentido’. Sin embargo los ángeles del Señor le estaban anunciando y le estaban haciendo interrogar ‘María ¿por qué llorás?’ (…)  el Evangelio de Dios es buena noticia y nos pregunta hoy también el Señor a través de los ángeles ‘¿por qué llorás? ¿Por qué estas triste? ¿Por qué estás pesimista? ¿No te das cuenta de todas las cosas lindas que están a tu alrededor?’.

(…) cuando María escucha la dulce voz del Señor, ¿Qué dice? ‘Raboní. Maestro’ y se tira a los pies y le quiere abrazar, porque el Señor la llama por su nombre. Nadie más la había querido como Jesús, todo el mundo la usaba (…). La primera persona que la recibió como mujer, con la dignidad de mujer fue Jesús y ella se sintió amada, porque Jesús no la utilizaba como otras personas. Dice el Apocalipsis que en el día final seremos llamados por nuestro nombre y el Señor nos dará un nuevo nombre a cada uno. Dios tiene un nuevo nombre para tu nueva vida, un nombre que está marcado en el Cielo. (…) ¡Qué lindo escuchar mi nombre por las dulces palabras del Señor!

El Señor le dice ‘María tengo una misión para vos. Ve a decirle a mis hermanos’, fíjense esta palabra que usa Jesús ‘mis hermanos’, porque Jesús para nosotros es familia. Somos familia de Dios y si somos familia de Jesús, tenemos un mismo Padre, por eso dice ‘a mi Padre, vuestro Padre, a mí Dios, vuestro Dios’, no solamente mi Dios. A través de la Resurrección Cristo nos unió eternamente con el Padre. Tenemos un solo Padre, un solo Dios en Cristo Jesús, por eso es esta celebración, es una fiesta, es una Acción de Gracias que tenemos nosotros, por eso la invitación hoy con el canto ‘Este es el día que hizo el Señor. Alegrémonos, regocijémonos en Él’. Esta es la consigna de hoy, porque Dios ha vencido a la muerte y el pecado, ya no hay motivos para estar tristes, hay motivos suficientes para que la Buena Noticia reine entre nosotros, pero hay que poner en marcha la Buena Noticia.

(…)  Necesitamos muchas personas que puedan anunciar la Buena Noticia de la Salvación.  (…)  No es fácil porque a veces nuestros hermanos están envueltos en sus problemas, en su situación y dicen ‘no quiero saber nada de Dios, porque cuando yo necesitaba Dios no estuvo conmigo. No vengas a hablar de Dios ni de la Biblia, ni de la Iglesia, ni de los curas, porque no quiero saber nada de ellos’. Hay gente que te dice así, ¿cómo anuncias la Buena Noticia a esa clase de gente? Sólo la Gracia Dios, sólo aquella gente que se encuentra con el Cristo Vivo tiene la capacidad de soplar el Espíritu Santo sobre la otra persona, pero primero necesitamos alegrarnos nosotros, por eso en otro pasaje va a decir el Señor ‘No tengan miedo, yo estoy con ustedes. No teman afrontar la vida’ (…) Pidamos entonces al Señor que a través de la Luz Pascual nos ilumine la vida. Que vaya delante de nosotros para guiarnos y detrás nuestro para protegernos, que ponga su mirada sobre cada uno de nosotros y nos acompañe.”

En la Sede Central, padre Miguel en el inició de la reflexión invitó a que cada uno se pregunte “(…) ¿soy cristiano solamente del Viernes Santo o del Domingo de la Pascua? ¿Con cuál me identifico yo? ¿Me quedo en el Viernes Santo llorando allá? O puedo hacer esta experiencia con María Magdalena, con esta mujer que nos habla el Evangelio de hoy, que va al sepulcro llorando, fue a ver al Señor, fue a buscarlo en la tumba y sin embargo se lleva esta gran sorpresa. Podemos quedarnos nosotros sí en la tarde del Viernes Santo, llorando nuestra muerte o queriendo mirar solamente la tumba y quedar allá. Pero la Palabra de hoy nos desafía también a nosotros a dar un paso más, a buscarlo entre los vivos, porque no está entre los muertos. Está vivo.”

Asimismo, se refirió a los textos proclamados días antes donde Jesús dice “‘vayan a Galilea, allí me verán’. En otras palabras, vayan a lo cotidiano, porque allí sigue estando vivo, sigue vivo cuando nuestras obras, nuestras palabras, nuestras acciones anuncian al Dios Vivo. Cuando nuestra palabras, nuestros gestos, nuestros hechos se vuelven gestos cotidianos de amor, de solidaridad, de trasparencia, de sinceridad, cuando en definitiva soy capaz de vivir el Evangelio y que los otros puedan ver en mí el rostro del Cristo Vivo y Resucitado. (….)

(…) Quizás sea una linda experiencia en este año, dejar que el Señor vuelva a pronunciar de sus propio labios nuestro nombre, nos vuelva a llamar y que le puedas dar una respuesta  ahí en esa carrera que has elegido y que te hace plena, que te hace pleno y que creés que es posible ser un evangelio vivo. No está en la tumba, está vivo, presente en medio de nosotros. Ojalá cada uno de nosotros podamos testimoniarlo, podamos anunciarlo, podamos contagiarlo con hechos concretos. No solamente cuando estoy en la Eucaristía, cuando voy a misa, cuando soy solidario, sino que en lo cotidiano, en el medio de los libros, ahí con tus compañeros, ahí con los que te toca, con papá, con mamá, ahí en la soledad de tu apartamento, o del encontrarnos y anunciar, llévalo vivo. Más allá de lo que nos toque vivir y de seguro que pasamos los Viernes Santos en nuestras vidas, de seguro nos tenemos que encontrar y tenemos que vivir el Viernes Santo, pero no me quedo ahí.

Con esto cierro la idea, nos decía ‘alégrense’. El primer mensaje a las mujeres en la mañana del domingo fue ‘alégrense. Alégrense, no está aquí ha resucitado. Alégrense.’ 

El que vive la Pascua, el que vive el Cristo Vivo en su corazón es un joven, una mujer, un hombre que irradia alegría, que lo ilumina el Maestro. Ilumina, es lo que hace en lo cotidiano de cada día. Pidamos esa gracia. Dice nuestro Obispo, ‘seamos hombres y mujeres pascuales, hombres y mujeres que irradian al Cristo Vivo’. Ahí donde el Señor te ha llamado. Ahí donde el Señor nos ha llamado a vivir el Evangelio.”  

Concluidas las ceremonias, continuaron las actividades académicas normalmente.