6 de Noviembre | Instituto Montoya

Con la celebración de la Santa Misa se pidió por el eterno descanso de los difuntos

En el Aula Magna del Instituto Montoya.

El viernes 2 de noviembre se rezó en el ISARM por los fieles difuntos.

El pasado viernes 2 de noviembre, desde las 9.00 en el Aula Magna del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya, se compartió la celebración de la Santa Misa, la misma estuvo presidida por el Presbítero Miguel Ángel Moura. Participaron autoridades de la Casa junto al personal docente y no docente.

En la oportunidad y por ser la conmemoración de todos los Fieles Difuntos se realizó una oración especial por los miembros de las familias de cada uno, por los integrantes de la comunidad Montoya, que ya han partido al encuentro del Padre Misericordioso, y también por las almas del purgatorio.

En la homilía el padre Miguel expresó “hoy seguro se nos cruzan varios sentimientos en el corazón cuando nos ponemos a rezar y pensar en un ser querido que ya no está y nos duele y se cruzan los sentimientos de amor y de ternura por aquel gesto y aquella persona que yo no está (…) y por eso es que nosotros cuando celebramos esta memoria lo hacemos con una memoria agradecida (…) Es verdad que la muerte de un ser querido, de personas que queremos nos duele, nos golpea (…) nos cuesta hasta creer, nos hace hasta dudar, nos lleva a  hacernos un montón de preguntas que cuando las personas están no nos hacemos, pero cuando nos faltan surgen el por qué Señor, para qué y nos duele y esa ausencia física pesa (…) Pero tenemos que tener presente, la liturgia de hoy nos va a recordar eso, que creemos en la resurrección de los muertos, tenemos esta fe, la profesamos, creemos en la Pascua, creemos en la vida, en la victoria de la vida sobre la muerte. Más allá que nos duela la muerte y que muchas veces no sabemos cómo acompañar, qué decir en ese momento, tengamos la certeza que hay veces que vale más el gesto, la palabra está de más (…), el hecho de estar ahí puede ser más significante que el hecho de decir algo (…) Ojalá hoy nos podamos acompañar unos a otros por esos sentimientos que están en nuestro corazón, por esas ausencias que tenemos de gente que nos gustaría que estén junto a nosotros, pero sin embargo estamos rezando, pidiendo por ellos; diciendo ‘gracias Señor por este hombre, por esta mujer, que pusiste en mi camino, que pude conocerlo, que pude disfrutarlo’, porque fue una caricia de Dios para mi vida (…)”. También el sacerdote hizo referencia a que además de rezar por los difuntos de las familias o amigos, era un día especial en el que la Iglesia nos invitaba a rezar especialmente por las almas del purgatorio.